sábado, 26 de enero de 2008

De Sterrennacht

De repente sentí algo que hacía mucho tiempo que no me ocurría, nada que tuviera que ver con el efecto del alcohol en mi sangre. Era algo nuevo y viejo a la vez. Cuando pisaste el escenario de una fiesta moribunda te vi durante poco más de 13 minutos y pregunté por ti. Nadie supo decir nada (todos supieron decir "no sé"). Algún despistado pronunció, de repente, siete letras (las número 1, 9, 13, 18, 20 y 26 del abecedario) y que acomodadas de una manera especial deletreaban tu nombre. Esa noche hiciste girar los astros a tu alrededor y yo sólo me pude atrever a mirar la escena intergalatica que montaste para mí. A partir de ese día te convertiste en el enigma que se hospedó en la cartelera diaria de mi cine mental.

Casi a punto de perder en mi mente tu imagen y borrar el cassette de tu sonrisa, un mes después te volví a encontrar. Te exploré durante cuatro días, nueve noches (de insomnio), tres borracheras (accidentales) y dos pensamientos matutinos y aún sigo tratando de descifrar ese enigma que me implantaste y que, según tu deseo, quieres que resuleva mediante pequeñas pistas (momentáneamente encapsulada en un acertijo cuyo descubrimiento debe ser pausado).

Debo tener cuidado de no toparme con el diablo rojo, ya que soy susceptible de ser poseído y destruído por él. Mientras tanto, yo seguiré inmerso en esta pintura de óleo hasta que la realidad me cambie el panorama.

1 comentario:

  1. Pues vaya que está canijo tu asunto inche Mike, me da gusto. Suerte jeje.

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